Paracaidismo Wellness

Son casi las 6 de la tarde, estoy sentado en el avión, equipado y a minutos de saltar. Nos encontramos en silencio y lo único que perciben mis oídos es el ruido del motor. Por la ventana veo el cielo, estoy viendo el sol a lo lejos, y a la vez estoy sintiéndolo tan cerca, perdiéndose entre nubes por el horizonte, casi como si fuera una postal de despedida.

Aparto la vista de la ventana, y vuelvo a mirar hacia al interior del avión, me encuentro con miradas y sonrisas de profundidad, miradas y sonrisas que dicen mucho, o todo. Nos miramos a los ojos por un segundo, y ante miradas brillosas, de manera inconsciente nos regalamos una sonrisa. No nos decimos nada, pero estamos entendiéndonos todo. Y otra vez nuestras miradas se van por la ventana, otra vez en mi interior siento la alegría brotando de mis poros, otra vez se me está por piantar un lagrimón, porque no puedo entender lo que estoy viendo, porque no puedo entender lo que estoy viviendo, porque no puedo entender lo que estoy sintiendo, y porque no puedo entender qué pasa con la energía de mi cuerpo que se desborda. “¡Puerta!” grita el piloto, y acá vamos otra vez… Nos mecemos entre nubes por el cielo.

Si me preguntaran que es lo que más me gusta del paracaidismo, es lo que viene una vez que me solté del montante. No existe el pasado y no existe el futuro, estoy viviendo el presente, estoy viviendo el momento, estoy ahí y nada más que ahí. Olvido todo tipo de recuerdos… No me acuerdo de mi gato, no me acuerdo de mi mamá, no me acuerdo del problema que tuve en el trabajo ayer, no me acuerdo del pasado y no me acuerdo del futuro. No es que no me quiera acordar, es que ¡no puedo! De repente estoy ahí, viviendo tanto el momento que a veces ¡hasta se me olvida que hace frío! Estamos ahí.

Todo el tiempo vivimos el presente, pero inconscientemente atados a pensar en el pasado, atados a pensar en el futuro, nos olvidamos de que estamos en el presente, nos olvidamos de vivir este momento, y simplemente porque estamos preocupados, preocupados por el pasado, preocupados por el futuro… Volar cambió mi forma de ver el mundo. Desde que empecé a saltar, quiero llevar el estado de conciencia que llevo en un salto, a mi vida cotidiana. Quiero vivir el presente, ¡tanto en tierra como en el cielo!

Quiero inundar de alegría a mis amigos, quiero inundar de alegría a mi familia, quiero inundar de alegría al universo, quiero que el universo sienta lo que siento, porque no lo puedo expresar en palabras… Créanme que no se puede expresar en palabras, no queda más que vivirlo. Quiero tirar miles de veces más del pilotín de mi equipo, abrir el paracaídas y gritar como un desquiciado, porque no se por qué, pero lo malo se va en el aire y la alegría inunda mi corazón otra vez, me siento vivo, más vivo que nunca.

Hace muchísimos años, antes de hacerme paracaidista, encontré en internet, un fragmento de palabras hermosas de alguien que jamás pude ubicar, de alguien que había hecho su primer salto bautismo, que escribió algo hermoso que nunca volví a encontrar:

  • Quiero recorrer la ruta que hace la lluvia para llegar a la tierra.
  • Quiero volar como un pájaro desde lo más alto, venir del cielo y tocar el suelo.
  • Quiero conocer la velocidad y la fuerza de la gravedad.
  • Desde allá arriba quiero ver el mar en su dimensión.
  • Y quiero ver la tierra pixelada, que encierra una casa y una vida.
  • Quiero ser el loco demente, quiero ser mi historia presente.

Quiero invitar al mundo a sentir lo que sentimos. Quiero que vengan y lo comprueben ustedes mismos. Quiero que suelten en el aire todo lo que les hace mal. Quiero que todo aquello que sentimos se les aferre en lo más profundo del alma y se sientan vivos. Más vivos que nunca.

Fuente: Paracaidismo Chascomús

Por: Gastón Anbalos – Packer – Paracaidismo Chascomús


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