Turismo de Naturaleza y su virtud terapéutica

Extrañar la naturaleza o los espacios naturales no es solamente una sensación temporal que afecta a niños y a adultos; la carencia de naturaleza puede conllevar estados debilitados de la salud. El Turismo de Naturaleza se puede aplicar como una medicina para reponer ese estado de salud debilitado y aún más, fortalecerlo.

Cuando le preguntaron a un niño de dónde venía la leche la respuesta fue… del refrigerador. Si bien este chiste (también puede ser pensamiento divergente) que ya se contaba el siglo pasado es apenas ilustrativo, hay otros casos reales donde por ejemplo se les pregunta a los niños de dónde vienen los cacahuates o maní y piensan que de un árbol como el de las naranjas. Cuando se les pregunta de dónde viene el chocolate, ni siquiera pueden muchos decir si es de un árbol, de una planta o arbusto; lo cierto es que sobre estas y otras preguntas, muchos adultos tampoco saben la respuestas.

Sondear aún más nos demostrará que muchos niños, especialmente aquellos que viven en el hemisferio norte y en grandes ciudades, desconocen realidades que muchos asumiríamos como cultura general y que se refieren, entre otros temas, a la naturaleza y el medio ambiente.
Los sonidos de los animales es también un ámbito desconocido para muchos y ojo que no nos referimos a animales muy exóticos como un tucán, un mono aullador o una iguana sino a un conejo, una cobaya o un picaflor/colibrí.

Si de olores se habla, el desconocimiento aumenta pensando en cómo huelen las aguas termales sulfuradas, muchas flores silvestres, el veneno de una abeja, etc. Con los sabores sucede lo mismo gracias a toda una industria química alimenticia que nos da sus sabores y no los que en la realidad se presentan en la naturaleza.

Ante el anterior panorama, si incluimos lo que ha significado y sigue significando en muchos lugares la cuarentena pandémica, podemos entender mucho más claramente el denominado síndrome de déficit de naturaleza que afecta principalmente a los niños y que en los adultos puede tratarse de la solastalgia donde hay otros desencadenantes pero que en el fondo el centro de atención que nos interesa es la naturaleza.

En términos sencillos, se ha analizado el síndrome de déficit de naturaleza como la falta de oportunidad para interactuar con la naturaleza de la cual se obtienen no solamente conocimientos sino que también se mejora el estado general de un individuo (niños) que previamente demostraba problemas de falta de concentración, ansiedad, estrés e irritabilidad. Los problemas respiratorios aumentan en la medida en la que se habitan lugares como ciudades contaminadas y donde la acción de humos, gases, aerosoles y químicos activan problemas como el asma. En adición, no solamente quien vive encerrado tiende a engordar sino que la reducción de la actividad física en ambientes pequeños, como departamentos de poca superficie, genera estados de ánimo depresivos y en lo físico, la carencia de sol, interfiere con el metabolismo de las vitaminas.

En cuanto a la solastalgia, el problema deriva del daño que se causa al medio ambiente y al medio circundante que podría no ser precisamente natural; al interno del individuo se provoca un estado de frustración, desesperación y depresión. La naturaleza es agredida de muchas formas y una persona informada al respecto se resiente porque por ejemplo, especies de aves o de animales desaparecen del planeta en un proceso llamado extinción. También afectan los procesos de la sociedad por los que se cambian valores o se debilitan o se incluyen otros: primacía del dinero, falta de solidaridad, enfrentamiento físico y verbal inter-comunidad, ausencia de dialogo, urbanización acelerada, la contaminación visual y sonora, etc.

Si los elementos mencionados constituyen la materia prima con la cual debemos trabajar o más bien, enfrentarnos, la posibilidad de dar batalla reside en el simple acercamiento a la naturaleza como pisada inicial.

La diversificación de los productos turísticos permite abrir un menú de opciones relativas al Turismo de Naturaleza que puede ayudar a paliar los efectos del déficit de naturaleza o de la depresión causada por los problemas del medio ambiente.

La Terapia de Bosque (Shinrin-Yoku) entre otras opciones permite al ser humano, reencontrarse como sujeto vivo y sensible delante de todos los elementos que constituyen su medio ambiente natural. Este reencuentro es siempre posible más allá de las épocas que se marcan en el calendario por: vacaciones, feriados o fiestas y/o fines de semana que materializan el principio de tiempo libre o también dicho ocio. La idea es salir de esos espacios urbanos contaminados o de la pequeña superficie que habitamos mientras estamos en una ciudad.

Los medios audiovisuales aportan al conocimiento de la naturaleza pero la experiencia directa no se puede sustituir ni con las imágenes más nítidas ni con el relato más acertado.

Volviendo al tema de la leche y el refrigerador, ordeñar una vaca o una cabra es una experiencia que complementa toda la teoría previa que por ejemplo un niño puede llegar a conocer de su clase de Ciencias Naturales o de Biología.

Ninguna imagen de televisión o de libro de texto puede explicar la pilosidad o rugosidad de una hoja mientras se la toca y otra vez lo decimos, los olores no son perceptibles en la televisión (todavía) por lo que la experiencia personal frente a estos objetos en un medio natural aporta no solamente al conocimiento sino además las conexiones neuronales.

Además de lo mencionado la ciencia ya ha comenzado su análisis sobre los beneficios en el organismo humano cuando se visita un bosque y las ventajas de una terapia de bosque propiamente dicha donde se debe programar visitas regulares a espacios naturales donde obtener esos beneficios.

Si nuestras posibilidades económicas no nos permiten comprar un tour o paquete turístico que incluya la visita de un bosque o área natural, entonces las opciones siguen abiertas para acercarse a espacios donde es notoria la presencia de la naturaleza pasando por parques, plazas, zonas protegidas, periferia natural de grandes ciudades, ríos, playa, montaña, etc. El Shinrin-Yoku por ejemplo, admite la posibilidad de ingresar a un bosque sin un guía y fuera de un paquete turístico. El uso de nuestros sentidos basta para reconectarnos con el medio natural y hacer observaciones personales que, con el tiempo y la curiosidad por saber más, nos llevaran a investigar y aprender empíricamente. En caso de ir en un tour y con un guía, la distancia entre ver, comparar y aprender será más corta que investigar por sí mismo en base a una experiencia individual.

Para los adultos es una responsabilidad social hacer que los niños entren en contacto con la naturaleza por muchos motivos que hemos planteado en este artículo por lo que, cuando haya la oportunidad de movilizarnos plenamente podamos ir a la naturaleza, sea en un paseo organizado o por nuestra cuenta y llevar de la mano a nuestros niños para que sepan cómo huele la canela en el árbol, para que prueben las semillas frescas de cacao, para oír la diversidad de cantos de las ranas o para “simplemente” respirar aire puro.

Por: Lic. Luis Carlos Palazuelos Irusta

Fuente: All Costa Rica Adventures

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