Entrevista a Silvio Raij ¡Hoy podemos recuperar la paz interior!

Silvio Raij es Consultor, Docente y Coach. Su pasión ha sido siempre el desarrollo humano y espiritual. Ha viajado por más de quince años a la India a especializarse en el arte de la meditación y hoy en día está dedicado a llevar la práctica del mindfulness al área profesional, empresarial, la salud, el adulto mayor y la educación de niños y adolescentes. Dirige su propia consultora Coaching, Liderazgo y Mindfulness donde facilita procesos de transformación personal y organizacional para empresas locales e internacionales.

Silvio Raij en su último libro “Mindfulness. Recupera la paz interior” propone un viaje de aprendizaje claro y práctico a través del arte milenario del mindfulness, sabiamente adaptado a los tiempos vertiginosos que vivimos en los que cada vez más nos cuesta desenchufarnos de la tecnología, las redes sociales y estamos constantemente pendientes del celular.

¿Qué es el mindfulness y qué beneficios tiene?

Definir el mindfulness en pocas palabras no es tarea sencilla, ya que más que una disciplina, técnica o herramienta, es un arte: el arte de estar atentos y conscientes, o, dicho de otra forma, el arte de estar despiertos. El Dr. Jon Kabat Zinn, considerado por muchos como el “padre” del mindfulness en Occidente, lo define en su libro Vivir con plenitud las crisis, como “la capacidad de prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgarlo”. Durante los años ochenta y luego de sus viajes al Tíbet y de haber experimentado por sí mismo los efectos positivos de la meditación en la salud, comenzó a aplicarlo en pacientes con altos niveles de estrés y dolores crónicos. Los resultados fueron tan auspiciosos que decidió fundar La Clínica de Reducción del Estrés basada en mindfulness (MBSR), en la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts. Su gran mérito fue combinar las enseñanzas orientales, con los últimos avances de la neurociencia, para ofrecer al mundo una forma de sanar más natural y al alcance de todos. Fue a partir de sus descubrimientos que los estudios sobre neurociencias aplicados a los ámbitos educativos, empresariales y de la salud, se propagaron de manera exponencial alrededor del mundo hasta el punto de volverse una suerte de moda para algunos sectores de la sociedad y una necesidad para otros. Los beneficios de la práctica regular del mindfulness son muy variados, ya sea a nivel físico como a nivel cognitivo, emocional o espiritual. Reduce el dolor, mejora el bienestar mental y físico, y ayuda a las personas a gestionar mejor su estrés y las tensiones de la vida cotidiana. También nos permite desarrollar la habilidad de estar plenamente presentes en el aquí y ahora, y mejorar nuestra calidad de vida. En resumen, todos los seres humanos en el mundo buscamos algo similar: sentir paz y felicidad y estos dos sentimientos únicamente pueden experimentarse en el presente.

¿Por qué se hace tan necesario, en los tiempos que corren, que aprendamos a recuperar la paz interior?

Vivimos en una era digital donde todo tiene que ocurrir rápido e instantáneamente. Es un mundo que está obsesionado con la inmediatez, y que nos empuja a hacer más en menos tiempo. Buscamos hacer cursos rápidos, carreras cortas, comidas al paso, terapias alternativas exprés, conversaciones apresuradas. Nos cuesta esperar y ser pacientes. Basta toparnos con un anciano que camina por la calle a su propio ritmo para que nos irrite y saque lo peor de nosotros. Las consecuencias de una vida contrarreloj, nos produce el famoso estrés que muchos de nosotros experimentamos y por eso es tan importante que pongamos un freno, nos conectemos con nuestro interior y nos preguntemos ¿Hacia dónde vamos tan rápido? ¿Es este el estilo de vida que nos hará felices? ¿Es saludable esta forma de vivir? Si estas preguntas nos incomodan, es una buena señal de que es necesario que aprendamos a vivir de otra manera, antes de que sea demasiado tarde. El cambio que sugiero en el libro es muy sencillo, se trata de hacer pausas regulares durante el día. No obstante, el impacto que esto genera en nuestra salud física, mental, emocional y espiritual, es enorme.

En el libro propones que cuidemos la calidad de lo que pensamos. ¿A qué te referís y cómo podemos lograrlo?

Nuestras mentes funcionan como un radar que escanea todo lo que hay a su alrededor y la gran mayoría de las veces no hacemos el ejercicio de discriminar entre lo que queremos tomar y lo que queremos dejar. Por un lado, somos muy cuidadosos a la hora de elegir la calidad de lo que vamos a ingerir como alimento en nuestros cuerpos, pero no lo hacemos de igual forma con lo que observamos, escuchamos o percibimos. Solemos aceptar todo lo que nos llega a la mente sin filtros, sin una discriminación inteligente, y esto con el tiempo nos genera cansancio, malestar y un ruido mental innecesario. Muchas veces, con la mejor intención y pretendiendo ser solidarios, prestamos nuestra oreja a cualquier critica o queja que alguien se acerca a contarnos y no nos damos cuenta del efecto negativo que estos pensamientos inútiles nos pueden ocasionar. Estamos muy preocupados por economizar los recursos energéticos como el agua y la luz, pero no somos tan conscientes de economizar nuestros propios recursos internos, como los pensamientos y las palabras. Cuando comenzamos a practicar la meditación, recuperamos el verdadero valor que tiene mantener la mente limpia y clara, y optamos por elegir el tipo de conversaciones que queremos mantener, seleccionamos las cosas que queremos observar y escuchar, y así nuestra mente se vuelve un terreno fértil, donde todo lo que crece es positivo y de calidad.

¿Le tenemos miedo a los momentos de disfrute? ¿Por qué es importante recuperar tiempo para no hacer nada y cómo se hace para no sentirse culpable o improductivo?

La cultura del hacer es la que predomina en nuestra sociedad moderna y aún más en nuestra cultura Occidental. Seguramente, también sea una de las principales razones por las que nos cuesta tanto parar y disfrutar de los momentos de ocio. existen muchos preconceptos sobre el hecho de no hacer nada. Siempre necesitamos estar haciendo algo para no sentirnos culpables de ser improductivos o de estar perdiendo el tiempo. Sin embargo, todo en la vida y en la naturaleza funciona a través de ciclos naturales, donde hay momentos de actividad seguidos por momentos de calma: El ciclo del agua, en flujo y reflujo de las mareas, las estaciones, el dormir cada noche para despertarse y actuar al siguiente día, todo funciona como una danza rítmica. De la misma forma funciona nuestra respiración y el latir del corazón. Entonces, ¿por qué debería ser diferente para nuestras acciones? Lo lógico seria apreciar de la misma manera el actuar que el parar, el producir que el descansar o “el hacer” que “el no hacer”. Una parte se complementa con la otra y si por alguna razón se corta este ciclo natural, el cuerpo nos pasará factura. Las consecuencias de olvidarnos de parar y descansar nos enfrentan a un enorme contraste: por un lado, contamos con la más alta tecnología y el confort necesarios para manejar máquinas que nos ahorran el trabajo pesado y metódico que tenemos que hacer cada día, y por el otro, seguimos enchufados a 220 v, con un enorme cansancio psicológico y mental que nos tiene extenuados. El cansancio es el protagonista: nos roba toda nuestra energía vital y nos expone a actuar desde niveles muy bajos de energía, ya sea físico, mental o espiritual. Entonces, tenemos que encontrar una ecuación que integre la productividad con la salud, porque ¿si perdemos la salud, como disfrutaremos de lo producido? La buena noticia, es que los últimos estudios científicos realizados con deportistas, han revelado que las personas usan mucho mejor su energía y rinden más, cuando corren por períodos cortos y paran, que cuando hacen largos tramos sin parar. Aquí está la solución: necesitamos administrar mejor nuestro tiempo y energía haciendo pausas, practicando el Full Stop, y así detener nuestra vida de robot. Necesitamos revalorizar los momentos de ocio y considerarlos como instantes necesarios para descansar bien y rendir mejor, a la hora de actuar. De esta manera, el “no hacer nada” se convierte en la antesala necesaria para el “hacer bien”.

¿Cuáles son las claves para empezar a implementar este estilo de vida? ¿Podes regalarnos algunos tipos o ejercicios para poner en práctica?

Si hablamos de implementar un nuevo estilo de vida, estamos hablando de un “gran” cambio. Quizás hace 20, 30 o 40 años que venimos haciendo las cosas de la misma manera y eso no es tan sencillo de cambiar. No obstante, la vida es tan sabia, que si hay algo que no está alineado con nuestra manera de vivir o nos está molestando, van a aparecer señales suficientemente claras que nos indiquen que necesitamos parar: sobreviene una enfermedad, ocurre algún accidente, nos llega un libro inesperado, aparece una persona clave en nuestra vida, etc. Cualquiera de estas cosas puede ser la luz roja que nos indique la necesidad de un viraje en el rumbo. Yo soy de la idea de comenzar por pequeños ajustes que hagan una diferencia en nuestro pensar y accionar. Por ejemplo, en mi libro sugiero las “caminatas conscientes”:

Se trata de salir a caminar como lo haces normalmente, pero agregándole un estado más atento y consciente a ese paseo. Probar hacer la caminata con ojos nuevos, como si estuvieras viendo todo por primera vez, sin juzgar, dejando que el paisaje te sorprenda, y estar atento a cada movimiento de tu cuerpo, al latir de tu corazón, a cada paso que das y al contacto de tus pies sobre el suelo. Este ejercicio lo puedes llevar a cualquier rutina diaria como lavar los platos, darte una ducha, bajar por el ascensor, ir al supermercado y así. Aunque parezca muy sencillo, verás que ponerlo en práctica requiere de cierto esfuerzo y concentración.

Meditación guiada:

Busca un lugar tranquilo donde sentarte durante unos momentos. Si quieres cierra levemente tus ojos o mantenlos levemente abiertos. Adopta una postura cómoda, relajada y mantén tu espalda firme. Ahora sigue estos pensamientos…

Noto la presencia de mi cuerpo sentado… Me hago consciente de mi postura… Contemplo la energía de mi cuerpo… Noto las zonas de contacto de mi cuerpo contra la superficie donde estoy sentado… No tengo otra intención que observarme… Mi mente y mi cuerpo están aquí… Dirijo el foco de mi atención a la zona del pecho… Noto el movimiento que se produce en esa parte… Me doy cuenta que estoy respirando… Inhalo y soy consciente de la inhalación y exhalo y soy consciente de la exhalación… Esta es la señal de que estoy vivo… Estoy respirando en el presente… Aquí y ahora…

Por: Lic. Agustina Campbell – Wellness Magazine


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