Turismo de Bienestar, sus efectos y la duración de los mismos
Es indudable la existencia de los muchos beneficios del Turismo de Bienestar, particularmente los que involucran el contacto con un medio natural pero para conseguirlos, no basta un viaje cada año.
No pretendemos escribir un artículo científico. El análisis científico sobre los beneficios observables de la terapia del bosque, el alejamiento del stress y exposición al medio natural, el impacto de los sonidos de la naturaleza en el estado de humor o ánimo y muchos otros aspectos, está en manos de científicos que al final deberían concluir con hechos demostrables. Sin embargo, somos capaces de presentar un artículo basado en evidencia empírica y además respaldado en dos conceptos que tanto la medicina como la psicología usan (el Turismo los usa para el diseño de itinerarios e incluye el de Ritmo): frecuencia e intensidad de fenómenos físicos en el organismo y en la mente.
Es un hecho que el sistema inmunológico de las personas se ve favorecido con el consumo de ciertos productos: por ejemplo, el consumo de la vitamina C, cuyo mito principal es que ayuda a prevenir resfríos, en realidad contribuye a reducir los niveles de cortisol lo que significa que el estrés puede atenuarse, también se sabe de la cualidad de reducir la presión arterial en pacientes hipertensos incluso, tiene la virtud de evitar el daño del ADN de la células de la piel y con ello favorece la curación de heridas superficiales; para alcanzar los beneficios anteriores y otros que la ciencia cada vez descubre, lo que todo médico y especialista va a recomendar es el consumo diario de vitamina C y en una cantidad específica.
Algo similar sucede con otras vitaminas y minerales. Sus virtudes y sus efectos surgen luego de su consumo habitual y en dosificaciones que no sean ni insuficientes que no logren el objetivo deseado, ni exageradas que lo único que consiguen es que se desperdicien cuando entra a jugar la función depuradora del organismo que se queda con lo que necesita y elimina el sobrante.
Fuera del campo nutricional médico podemos ver por ejemplo el caso de un gran artista del piano o del violín. Cuanto más ensaye y estudie su instrumento, mejor tocará, mayor dominio de él demostrará. Igual sucede con un deportista que entrena todos los días por muchas horas.
Como conclusión de lo anterior, podemos decir que el beneficio de algo se traduce por la frecuencia del consumo o del ejercicio (todos los días) y por la intensidad (dosificación u horas de ejercicio o práctica).
Trasladando los conceptos de frecuencia y de intensidad al Turismo de Bienestar, el tema podría intuirse. Propongamos la pregunta: ¿Cuántas veces debo ir a un bosque para sentir los beneficios que la naturaleza me ofrece con la simple exposición física-personal en ese medio natural? La evidencia empírica nos demuestra que no se debe esperar mucho para notar los efectos. Los resultados son casi inmediatos: nuestro ánimo y la respiración, por ejemplo, pueden ser los primeros en darse cuenta del cambio operado por esa simple exposición; es decir, basta estar allí para notar el cambio. Lo que no vemos y no percibimos, porque es parte de las funciones internas de nuestro organismo, es propio de un estudio científico muy estricto que no es área de nuestra experiencia; sin embargo, hay algo que es muy importante: los efectos no duran mucho, las vacaciones se acaban, los paseos se acaban y de nuevo nos sometemos al impacto del estrés de la vida moderna diaria y al aire contaminado de la gran ciudad donde vivimos, por mencionar solamente dos aspectos.
No importa si es un día de 24 horas en el bosque, si es un fin de semana completo o una semana entera expuestos al medio natural, es decir alta frecuencia (24 horas seguidas, tres días seguidos, siete días continuados) y alta intensidad (todo el tiempo metidos en el ambiente natural); el efecto no durará mucho y particularmente para quienes tienen una vacación al año y que solo pueden planear volver a vivir ese efecto beneficioso que la naturaleza ofrece gratis, luego de 350 días.
No vamos a negar que hay un hecho maravilloso que se encierra en la memoria y que se puede liberar en cualquier momento: el recuerdo. El recuerdo nos permitirá revivir (vivir de nuevo) la experiencia pasada y ese hecho tiene efectos en el organismo y está científicamente demostrado que, cuando sin estar presentes en determinado lugar, para nuestro ejemplo es un medio natural que podemos llamar bosque, selva, playa, montaña, etc., nuestro organismo libera sustancias asociadas al placer que representó esa experiencia; sin embargo, inmediatamente puede surgir el sentimiento de nostalgia que también libera sustancias que nos afectan y no de manera positiva creando incluso estrés o ansiedad al pensar que lo vivido acabó o siendo “optimistas”, que falta un año o seis meses, o lo que falte, para las siguientes vacaciones.
Entonces, para alegrar este panorama deprimente que representa la antítesis del Turismo de Bienestar, podríamos pensar que en el caso de las áreas naturales o medio natural, deberíamos intentar mantener cierta frecuencia de visita y sostener la intensidad. Quienes puedan y tengan los recursos podrán planear viajes locales, regionales o internacionales o mínimamente paseos de proximidad que favorezcan la frecuencia del contacto con la naturaleza. Una vez en el medio natural, concentrarse y disfrutar plenamente de todos los recursos allí presentes, pues por principio estar allí ya es una fortuna o dicha que se debe vivir intensamente.
Al viabilizar lo que estamos señalando, lograremos realmente potenciar los beneficios en nuestro ser de lo que nos concede la naturaleza, debido a la frecuencia y a la intensidad de nuestra experiencia de Turismo de Bienestar.

Por: Lic. Luis Carlos Palazuelos Irusta
Fuente: All Costa Rica Adventures
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